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by Tomeci Press Publications

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SUV Dacia Bigster circulando por una carretera moderna, con montañas al fondo y edificios contemporáneos de madera y cristal.

Mientras los clientes de Europa occidental reciben correos electrónicos entusiastas que anuncian que el nuevo Dacia Striker ya se puede encargar desde 22.490 euros, la fábrica de Mioveni, en Rumanía, atraviesa una de las crisis más graves de su historia. Recortes de costes de hasta el 30 %, paradas temporales de las líneas de montaje y numerosas bajas voluntarias. Un retrato de una estrategia industrial que ha trasladado la producción estratégica de la marca a Turquía y Eslovenia.

(Redacción: Europa / Automoción y Economía)


Un correo promocional enviado por Dacia a sus clientes europeos vuelve a demostrar el éxito comercial de la marca. El asunto es claro: «DACIA STRIKER: BESCHIKBAAR OM TE BESTELLEN» (Disponible para reservar). El mensaje promociona un SUV compacto de diseño atrevido, tecnología híbrida, un amplio techo panorámico y un maletero de 602 litros. El precio inicial de 22.490 euros, IVA incluido, resulta muy competitivo en el mercado actual.

Desde el punto de vista técnico, la oferta es sólida: motores híbridos con un ahorro de combustible de hasta el 40 %, una autonomía de hasta 1.090 km en la versión Hybrid 155, una variante 4×4 para quienes la necesiten y un sistema multimedia moderno. Para el consumidor europeo, parece reunir todos los requisitos: espacio, eficiencia y un precio asequible.

¿Dónde se fabrica realmente el coche?

Sin embargo, detrás de este éxito comercial se esconde una realidad industrial que contrasta claramente con la dinámica del mercado. El nuevo Dacia Striker, al igual que otros modelos recientes de la marca, incluida la versión eléctrica Spring, se fabrica fuera de Rumanía. El Striker se ensambla en la planta de Bursa, Turquía, mientras que el Spring se fabrica en Eslovenia.

Esta decisión forma parte de una estrategia más amplia del Grupo Renault para optimizar los costes de producción a escala mundial. Aunque la planta de Mioveni es reconocida por la calidad de su ensamblaje, sus costes operativos son superiores a los de otras instalaciones del grupo. Por ello, la dirección francesa ha decidido asignar los nuevos modelos a otras fábricas.

La crisis de Mioveni

Mientras llegan pedidos del Striker desde Europa occidental, la fábrica rumana atraviesa una profunda crisis. El Grupo Renault ha pedido a la dirección de Mioveni que reduzca los gastos hasta un 30 %. La medida llega en un contexto de descenso de los pedidos de los modelos Duster y Bigster y de caída de las ventas de Logan y Sandero en Europa.

Para aplicar estos recortes sin recurrir a despidos forzosos, la dirección ha anunciado un programa de bajas voluntarias. Se calcula que unos 150 empleados se acogerán a él, con indemnizaciones que pueden alcanzar los 210.000 lei para quienes tengan más de 16 años de antigüedad.

Además, la producción se ha detenido temporalmente algunos días. Los empleados que no tienen turno permanecen en casa y conservan los derechos salariales establecidos en el convenio colectivo. La fábrica mantendrá únicamente las actividades consideradas esenciales, como los trabajos de acabado, la fabricación de piezas de recambio y el mantenimiento de las instalaciones.

¿Qué significa esto para el mercado del automóvil?

Esta situación plantea una pregunta legítima a los analistas económicos: ¿es sostenible una estrategia en la que una marca traslada su producción estratégica fuera de su país de origen? Para el consumidor, la respuesta es sencilla: lo que importa es el producto final y su precio. El Dacia Striker es un buen coche a un precio justo, independientemente del lugar donde se ensamble.

Para la economía rumana, sin embargo, el impacto es considerable. Mioveni sigue siendo un pilar industrial importante, pero la transición hacia la producción de vehículos eléctricos e híbridos se lleva a cabo en otros lugares. Esta realidad pone de relieve un problema estructural de la competitividad industrial de Rumanía, donde los costes de la energía y de la mano de obra han aumentado de forma constante en los últimos años.

Conclusión

El Dacia Striker demuestra que la marca puede desarrollar productos competitivos y conquistar mercados internacionales. Sin embargo, el éxito comercial ya no va acompañado de una prosperidad industrial equivalente en Mioveni. En una industria automovilística globalizada, las decisiones de producción vienen determinadas por cálculos económicos rigurosos. El futuro de la fábrica rumana depende ahora de su capacidad para atraer nuevos modelos o especializarse en otros componentes. Está por ver si esta estrategia aportará el equilibrio necesario o ampliará la brecha entre el éxito de imagen de la marca y la realidad de las líneas de montaje.

Interior moderno de un Dacia, con volante multifunción, pantalla táctil central y un paisaje junto a un lago visible a través del parabrisas.

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