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Israeli political figures and national flags

Los sondeos a pie de urna del martes por la noche anunciaban una dura derrota para Benjamin Netanyahu. Sin embargo, a medida que avanzó el recuento, el bloque del primer ministro protagonizó una notable remontada. Con más del 57 % de los votos escrutados, el bloque de derecha encabezado por Netanyahu lideraba con 55 escaños, frente a los 49 de la oposición. Ninguno de los dos bloques alcanzaba, no obstante, la mayoría necesaria para gobernar, por lo que el país se enfrenta a un prolongado bloqueo político.

(Redacción: Israel / Política y geopolítica)


Las elecciones celebradas en Israel el martes 27 de octubre se consideraban un referéndum sobre Benjamin Netanyahu. Tras casi un año de guerra en Gaza y protestas multitudinarias contra su Gobierno, los sondeos publicados al cierre de las urnas apuntaban a una clara victoria de la oposición encabezada por el exjefe del Estado Mayor Gadi Eisenkot. Sin embargo, el recuento real ofreció un panorama muy distinto.

Una remontada espectacular durante la noche

En las primeras horas tras el cierre de los colegios electorales, tres de las principales cadenas israelíes publicaron sondeos que otorgaban al bloque contrario a Netanyahu una ventaja de dos escaños (52 frente a 50), o incluso un empate. Pero, a medida que se contabilizaron los votos, la tendencia cambió.

Según los datos de la Comisión Electoral Central, tras escrutarse el 41,9 % de los votos, el bloque favorable a Netanyahu obtuvo 57 escaños, mientras que la oposición sumaba 47. Después del recuento del 50,1 % de las papeletas, la ventaja se redujo ligeramente, pero el bloque del primer ministro siguió por delante: 56 escaños frente a 49. Con el 57,3 % escrutado, el resultado se situó en 55 escaños para el bloque de Netanyahu y 49 para la oposición, mientras que los partidos árabes obtenían 16.

La remontada bastó para que el presidente estadounidense Donald Trump se atribuyera parte del mérito. En Truth Social compartió un mensaje según el cual, después de que él respaldara a «Bibi» Netanyahu, la situación había dado un giro radical: en lugar de una derrota aplastante, ahora parecía perfilarse un resultado muy ajustado tras la remontada, o incluso una victoria de Netanyahu.

Un bloqueo político casi seguro

Pese a la espectacular recuperación, ninguno de los bloques alcanzó los 61 escaños necesarios para lograr la mayoría en la Knéset, el Parlamento israelí de 120 miembros. Al bloque de Netanyahu le faltaban seis escaños. Solo el apoyo de los partidos árabes podría cubrir esa diferencia, una posibilidad que el actual primer ministro ha descartado categóricamente.

Ante sus seguidores, Netanyahu afirmó que la derecha cuenta con una «gran mayoría» entre el «público sionista» y pidió formar un «Gobierno fuerte de derecha» sin la participación de los partidos árabes. El líder del Likud insistió en que su partido sigue siendo el mayor de Israel, con 27 escaños, e instó a sus rivales del campo nacionalista a unirse contra el «peligro» que, según él, supondría una coalición apoyada por los partidos árabes.

Por su parte, Gadi Eisenkot también reivindicó la victoria y sostuvo que los resultados parciales reflejaban una «falta total de confianza en Netanyahu y en el Gobierno del 7 de octubre». Sin embargo, desde el punto de vista matemático, la oposición afrontaba el mismo problema: sin los partidos árabes no podía formar una mayoría.

Participación récord y el factor árabe

Uno de los elementos clave de estas elecciones fue la participación del 77,7 %, la más alta desde 1999. La movilización récord estuvo impulsada en gran medida por la comunidad árabe de Israel, cuya participación alcanzó niveles históricos. Los dos partidos árabes, la Lista Conjunta y Ra’am, sumaron 16 escaños, un resultado que los analistas israelíes consideraron un logro importante.

Sin embargo, ambos bloques políticos judíos apenas mencionaron esta participación árabe récord en sus declaraciones públicas, lo que refleja la complejidad política de Israel. Tanto Netanyahu como Eisenkot hablaron de una «mayoría sionista» o de una coalición «sin los partidos antisionistas», marginando implícitamente a los representantes de alrededor del 20 % de la población del país.

¿Qué viene ahora?

La formación del próximo Gobierno dependerá de las negociaciones que se avecinan y de los partidos pequeños que se sitúan por debajo del umbral electoral del 3,25 %. Con la distribución actual de escaños, formar una coalición parece extremadamente difícil. Si ninguno de los bloques consigue suficientes socios para alcanzar los 61 escaños, Israel podría entrar en un prolongado bloqueo político y la convocatoria de nuevas elecciones anticipadas será cada vez más probable.

Conclusión

La ajustada ventaja de Netanyahu no constituye una victoria clara, sino que demuestra hasta qué punto está dividida la sociedad. El primer ministro consiguió movilizar a su base de derecha y revertir un resultado que parecía perdido, pero no logró obtener una mayoría clara de israelíes que respaldara un nuevo mandato. En un país que afronta desafíos de seguridad sin precedentes y una crisis de confianza en sus instituciones, estas elecciones no aportan estabilidad, sino que prolongan la incertidumbre. Para los ciudadanos de a pie, estén en el bloque que estén, la verdadera batalla quizá no haya hecho más que empezar.

Volunteers sorting ballot papers at a long table

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