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by Tomeci Press Publications

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Piloto en cabina de helicóptero frente a instalaciones industriales con símbolo de radiación

En 1981, ocho cazas israelíes atravesaron sin ser detectados el espacio aéreo enemigo en una misión que muchos consideraban imposible. Sin aviso ni invasión: en unos 100 segundos destruyeron el reactor nuclear de Osirak y desencadenaron una crisis diplomática. El ataque fue condenado internacionalmente, aunque años después algunos responsables militares y políticos reconocieron en privado su impacto estratégico. Si el reactor hubiera sobrevivido, la historia de la región podría haber sido distinta.

(Redacción: Israel e Irak / Historia y geopolítica)


Hay momentos de la historia que se miden no en años, sino en segundos. Una decisión tomada al más alto nivel y ejecutada con una precisión extraordinaria, contra las expectativas de la diplomacia internacional, puede cambiar el destino de toda una región. Uno de esos momentos ocurrió sobre el desierto iraquí el 7 de junio de 1981.

Los libros de historia suelen mencionar brevemente este episodio, pese a la intensa pugna geopolítica que lo rodeó. Fue la Operación Opera.

La amenaza de Osirak

A finales de los años setenta, el régimen de Saddam Hussein consolidaba su poder. Bagdad impulsó un ambicioso programa nuclear cuyo elemento central era el reactor de investigación Osirak, también conocido como Tammuz 1, adquirido a Francia. Aunque oficialmente estaba destinado a la investigación pacífica, los servicios de inteligencia israelíes y occidentales sospechaban que el programa podía proporcionar plutonio para armas nucleares.

Para Israel, un Irak con armas nucleares constituía una amenaza existencial. Tras fracasar los esfuerzos diplomáticos para detener el proyecto, el Gobierno israelí decidió actuar por su cuenta si la comunidad internacional no intervenía.

El vuelo de 100 segundos

La planificación duró más de un año. Bagdad estaba a más de 1.600 kilómetros, una distancia difícil de cubrir sin repostar en vuelo. Además, los aviones debían sobrevolar territorios hostiles, entre ellos Jordania y Arabia Saudí, sin ser detectados por los radares.

El 7 de junio de 1981, a las 15:55 hora local, despegaron ocho F-16 escoltados por seis F-15. Para evitar la detección, los pilotos volaron a muy baja altura. A las 17:35 llegaron al complejo de Osirak.

En unos 100 segundos, los aviones lanzaron 16 bombas guiadas. La primera oleada abrió la cúpula del reactor para que la segunda pudiera alcanzar el núcleo. El complejo quedó en ruinas humeantes y los ocho F-16 regresaron sanos y salvos a Israel.

La condena y la realidad entre bastidores

La reacción internacional fue inmediata. El Consejo de Seguridad de la ONU aprobó por unanimidad la Resolución 487, condenó el ataque como una violación flagrante de la Carta de las Naciones Unidas y pidió a Israel que no repitiera acciones semejantes. Estados Unidos, principal aliado de Israel, también se sumó a la condena oficial.

En privado, las valoraciones fueron más complejas. Años después, algunos funcionarios estadounidenses y mandos militares describieron la destrucción del reactor como un gran éxito estratégico. Saddam Hussein intentó reconstruir en secreto el programa nuclear iraquí, pero el ataque destruyó infraestructuras clave y retrasó el proyecto.

Conclusión

Osirak sigue siendo uno de los ejemplos más controvertidos de ataque preventivo de la historia moderna. La operación planteó preguntas difíciles sobre soberanía, derecho internacional y moral: ¿fue una violación del derecho internacional o un acto de legítima defensa considerado necesario ante una amenaza existencial?

El ataque dejó una huella duradera en la doctrina de seguridad de Israel: no permitir que un Estado hostil de la región consiguiera armas nucleares. Para los pilotos que volaron a baja altura sobre el desierto, los momentos decisivos transcurrieron en aquellos 100 segundos.

Bunker de hormigón en ruinas fumando en un desierto con pistolas de artillería a distancia

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